En tu rostro ya no pude divisar el alma de aquella mujer que ame,
solo un atisbo de un sentimiento olvidado y un alma profanada,
pues de tu cuerpo hicieron ruinas y aquella sonrisa que te caracterizo desapareció,
para dar paso a la tristeza y el dolor que hoy atormentan el pasado de nuestro amor.
solo un atisbo de un sentimiento olvidado y un alma profanada,
pues de tu cuerpo hicieron ruinas y aquella sonrisa que te caracterizo desapareció,
para dar paso a la tristeza y el dolor que hoy atormentan el pasado de nuestro amor.
Porque en tu duro mirar me fuiste en volviendo en tu mundo,
Mientras comprendía tu dolor, mis venas se cerraban,
Ya que la sangre hierve, cuando el ser amado es lastimado,
Mientras los golpes que tu cuerpo mostraba, veía, aminoraba mi respirar,
Pues el miedo se inundo en mí, al comprender que yo debí cuidar de ti,
Y en tu mirada fija como la roca, yo en tendía el dolor de tu corazón,
Cuando la intimidad es violada, la mirada se disfraza con un antifaz,
Que olvida el amor,
Atado de manos ante tu miseria, mi alma suplica tu perdón,
Pues guardián de tu templo debí ser, para evitarte esta terrible pasión.
Gerald H. L.

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